¿Cuándo la información es demasiada?

Llevo tanto tiempo liado con los ordenadores que me cuesta encontrar a alguien que haya empezado antes que yo. Y eso que me he cruzado con personas con vidas apasionantes y experiencias que darían para escribir algún superventas. Me pasó con un médico que conocí hace unos cuantos años. Llevaba poco tiempo jubilado, había estado en contacto con los ordenadores desde los años 70. Además de compartir el vicio, aquella reunión dio para contar batallitas mutuas y me dejó valiosas lecciones. La principal, que para tener la información a un par de clicks, alguien debía invertir el tiempo suficiente para introducirla en un sistema. Y eso casi siempre era demasiado tiempo.

Sobreinformación

Cada vez me acuerdo más de aquella conversación, porque fue una charla esclarecedora, en la que un profesional experimentado tanto en temas de salud, como en informática, hizo un relato tan detallado como valioso. De como con el paso de los años, tanto él como sus compañeros habían ido dedicando cada vez más tiempo a las máquinas, a rellenar formularios, y menos a las personas. La evolución de la informática había proporcionado cada vez más información y de mejor calidad, pero el tiempo necesario de todos los implicados para implantarla se había multiplicado de forma descontrolada. Y también porque después de aquello, me he ido cruzando con otros profesionales que han planteado situaciones similares.

Imaginemos un sistema de información clínica en el que el médico responsable ha ido introduciendo datos que le permiten hacerse una idea clara del historial de su paciente. Un resumen descriptivo y un índice destacan lo necesario. Tiene una estructura lógica, en la que todo está donde debe estar, en el lugar que se espera encontrar cada dato. Con la terminología precisa para saber a qué cosas debe estar atento, las preguntas que debe hacer y cómo optimizar el tiempo que se le dedica a cada paciente. Suena bien, práctico,  eficaz y organizado.

Ahora pensemos en otro sistema, en el que cualquier médico pueda añadir notas, etiquetas, pruebas, diagnósticos, al historial de un paciente. Cuando nuestro doctor vuelva a revisar lo que ha introducido en él, posiblemente estará en otro lugar. Tendrá que dedicar un tiempo a buscar la información que realmente necesita, esa que antes tenía perfectamente ubicada. Ahora para hacerlo tendrá que leer un montón de datos y descartar las que no le afecten directamente para su diagnóstico. Cuenta con mucha más información, más completa, pero no le resulta más útil, si parte del tiempo que podría haber dedicado al paciente, lo ha empleado en otros menesteres.

Si se trabaja con personas, pero se dedica más tiempo a los datos, reduciendo además el personal, el resultado es invariablemente, una menor calidad del servicio.

Tras varias décadas de presencia de la informática, las industrias han ido llegando a la conclusión de que sus sistemas necesitan alguna revisión. La gestión de la información se ha adueñado del tiempo de muchos profesionales. En el que se busca exclusivamente cómo cumplir o mejorar en ciertos indicadores, ignorando como afecta a otros. Eso cuando directamente no se hacen trampas.

Lo simple funciona mejor

De un proyecto lo que más me entusiasma es su definición, el estudio de las necesidades, concretar los objetivos. El proceso de creación y puesta en marcha no tanto. Eso en general, porque si se trata de sistemas complejos, en los que participan muchos usuarios con necesidades distintas, estoy en mi salsa. Cuando hay que automatizar procesos en los que intervienen tantos matices, exigencias tan diversas, que obligan a llegar a algún tipo de consenso, encontrar un denominador común que sirva a casi todos es necesario. Charlas como la que mantuve con el doctor me ayudaron a entenderlo. Comprender cómo cuestiones políticas, estadísticas o de rendimiento, suelen colarse en las especificaciones, dejando en un segundo plano aspectos técnicos, médicos en su caso, que puede tener una importancia vital.

Y este exceso de información, un engordamiento absurdo de los sistemas, es lo que hemos estado corrigiendo en los últimos 20 años en Internet. Sobre todo a partir de 2005, y aún más con la llegada de los smartphones al mercado. Aplicaciones que en las dos décadas anteriores se complicaron innecesariamente, ahora van reduciendo su complejidad hasta convertirse en algo sencillo que se podría utilizar casi sin instrucciones. Es la magia del moderno desarrollo, un campo en el que previsiblemente seguiremos avanzando. Porque casi siempre es una cuestión de implementar metodologías, de definir lo que es importante y lo que no, para lograr más ligeras, fáciles de utilizar. Las pantallas se simplifican y las funciones menos necesarias, o más complejas se colocan en un segundo plano. El simple hecho de mostrar una pantalla despejada proporciona comodidad al usuario, que se siente más seguro a la hora de utilizar estas herramientas. Aunque solo sea una ilusión de control, es muy necesaria.

El futuro de los sistemas

La mejora de las metodologías y procesos, tiene como consecuencia una información de mayor calidad, mejor estructurada y con sistemas de búsqueda más eficientes. Con los chatbots asumiendo un papel más activo en la atención a los usuarios y la incorporación de la Inteligencia Artificial, el soporte máquina-hombre será cada vez más habitual. En el momento que las personas mayores puedan interactuar con su propia voz y recibir respuesta de la misma forma, la atención de usuarios tan específicos como los pacientes, también experimentará una gran transformación. Los mayores requieren tiempo y el de las máquinas es casi infinito… Además, siempre habrá un humano en el cubículo de al lado, dispuesto a tomar el relevo cuando el robot no sea capaz de resolver la situación.

Esto ya está empezando a ocurrir. Está sucediendo cada día, porque cada vez hay más ojos críticos, atentos a las ineficiencias de los sistemas, a lo que puede ser mejorado. Observado tanto por los profesionales como por los pacientes, en el caso de las especialidades médicas. Aunque no se tome la bandera de la modernización, prepararse para la llegada del tren es de sentido común. Subirse una obligación.

Musk, el activista digital que quiere cambiar el mundo

Cuando escuchamos activismo digital es posible que pensemos en anarkos desatados, en hackers reventando la seguridad de las grandes multinacionales, pero es mucho más y cubre todo el espectro social, tanto ideológica como culturalmente hablando. 

Y tal vez lo veamos de esa forma porque son la demostración más llamativa, la más extrema, la que aparece en la primera plana de periódicos y noticiarios. Pero empezando por esos mismos medios, hasta el último colectivo del lugar más alejado del mundo, cada uno tiene una agenda. Y muchos la llevan a cabo concienzudamente. 

Ignorar esto sería absurdo, pero realmente no es relevante. Lo que creo te puede interesar es de qué va, qué es posible lograr. Solo piensa que algunos de los activismos más exitosos del mundo digital empezaron hace unas cuantas décadas, y la mayor parte de la gente no sabe nada de ellos. Simplemente disfrutamos de lo que promovieron. Por ejemplo, entre sus logros estaría la Internet que conoces hoy o la tecnología que te permite estar leyendo esto en un smartphone.

Activismo digital y Open Source

En mi caso todo empieza a mediados de los 90, con Linux, Internet y el movimiento Open Source. Con el OS  el código se pone libremente a disposición de quien quiera usarlo. Esto que puede parecer una fricada más, gente que hace cosas de forma altruista, gratis en la mayor parte de los casos, es lo que se encuentra en el origen del mayor cambio social de la historia: el acceso masivo, y casi libre, a cantidades ingentes de información. 

Primero, porque gracias a ese movimiento y al software que crearon, es posible la Internet que conocemos. Facebook o Twitter, sin ir más lejos, no existirían probablemente, o no serían lo que son y como son. Pero segundo y más importante, porque ese afán de compartir es algo que forma parte del mundo digital desde sus orígenes. IBM ya liberó parte de su código en los 50, Stallman creó el proyecto GNU en el 83 y la Free Software Foundation en el 85. Una cosa lleva a la otra, casi inevitablemente. Existía un interés general entre los que estábamos construyendo el mundo digital que iba a llegar. Así a finales de los 90 el Open Source ya tiene nombre y apellidos.

Elon Musk, o hacia dónde va el activismo digital

Por tanto lo interesante no es a qué se dediquen la mayor parte de activistas del mundo, lo relevante es qué puede hacer la gente que realmente quiere cambiar el estado de cosas. ¿Hace falta ser un hippy, un friki o un extremista de uno u otro lado, para buscar la solución a alguno de los problemas del mundo? Creo que no. ¿Es necesario ser un idealista soñador? Pues no pasa nada, tanto si lo eres como si no. Ambos pueden jugar esta partida.

Como podría hacerlo Elon Musk. Según algunas informaciones, muy cuestionables, que circulan hace tiempo, Musk estaría por dejar todas sus actividades en Tesla, Space X, energía solar o las baterías, para lanzar un nuevo proyecto con la finalidad de redistribuir la riqueza mundial. Casi nada. Se trataría que el 1% de los más ricos, en lugar de controlar el 80 o 90% de esta riqueza, "solo" gestionaran un 20%. El 60-70% restante se redistribuiría entre el resto. Independientemente de si es cierto o si se pudiera cumplir en los términos que se propone, que los menos ricos pudiesen llegar a ver multipicada su fortuna dos o tres veces, el simple hecho de plantearlo es lo que me parece revolucionario. Porque imposible no es.

¿Cómo quiere conseguirlo Musk? Compitiendo con las grandes fortunas en la bolsa. La manera concreta de hacerlo me parece poco relevante, lo que me interesa son las posibilidades. ¿Qué pasaría si unos cuantos ricos, Musk y algunos más, apostaran por que ocurra y decidieran torcerle el pulso al sistema? ¿Sería posible? Unas cuantas decenas de miles de millones y la tecnología apropiada podrían provocar la magia necesaria. A partir de ahí solo habría que alimentar esa maquinaria con más fondos. Y podrían proceder de todos los estratos sociales. Ojito con las magnitudes, si cada uno de 7.000 millones de personas pusieran 100 dólares en la cesta, estamos hablando de una cifra casi inimaginable, se situaría entre los 20 o 30 fondos más importantes del mundo, nada más salir. Imaginemos que esa cifra crece solo un 50% anual, que cada uno añade 50 dólares más, y sumemos los rendimientos. En menos de 10 años sería el número uno. Un gran fondo de inversión global o un sistema colaborativo. Posible es. Que ese 1% se quede mirando, ya es otro asunto.

¿Nos hacemos activistas?

Puede sonar a desvario, pero es tan solo un ejemplo de que se pueden acometer tareas de una magnitud imposibles de imaginar hace tan solo 20 o 30 años. ¿Quieres cambiar la educación en el mundo? Se puede. ¿Quieres que tu pueblo o tu país funcione de otra manera? ¿A qué estás esperando? Pues claro que es posible. Como lo es tener los pies firmementes asentados en el suelo, y por eso mismo, porque se sabe lo que está en juego y lo que se puede hacer, lograr objetivos que algunos tacharían de elucubraciones disparatas. Como que un día el 90% de los dispositivos digitales del mundo utilizarían un sistema operativo que no es de Microsoft, ¿te suena Android? Solo hay que ponerse manos a la obra, unos pocos con las ideas claras pueden lograr cualquier cosa. Ánimo.

Imagen: Steve Jurvetson