La excelencia cuesta dinero y el Estado no tiene el suficiente para financiarla

Hace unas semanas hice un meme, o algo parecido, planteando de qué forma pueden competir dos sistemas educativos. Uno que invierte 1.000 millones de dólares para crear una facultad de Inteligencia Artificial en el MIT -una facultad para una sola institución, privada-, y otro que invierte 6 millones de euros en proyectos de innovación de la Formación Profesional en España -todas las especialidads y todos los centros-. Como tanto les gusta indicar a los progresistas: sin dinero no se puede avanzar. Pues parece que de algo habría que tomar nota ¿no creen?

Aunque mi siguiente reflexión no será del gusto del socialista al uso: ¿cómo es posible que el MIT pueda invertir en una facultad 1.000 millones de dólares? ¡pero si es una universidad que solo tiene 11.000 alumnos! En España cursan FP 760.000 alumnos. Toda la enseñanza secundaria en España se financia con 15.000 millones de euros, toda la FP y el resto. La conclusión es bastante simple: la excelencia cuesta dinero y el Estado no tiene el suficiente para financiarla.

En un contexto en el que los estudiantes y trabajadores ya son los paganos de políticas absurdas, ¿solo  pueden aspirar a ver como la brecha educativa crece de forma insalvable respeto a otros países? Ni parece justo, ni es razonable, que sean desplazados del mercado laboral o condenados a trabajos poco cualificados y mal pagados, por la incompetencia de políticos que solo viven para las apariencias y de cocinar estadísticas que salgan lo mejor posible.

En otra noticia destacaban como los grandes CEOs, y los ricos en general, llevan a sus hijos a colegios donde se limita el uso de la tecnología. Hasta en su vida familiar se controla cuánto tiempo y de qué forma se utiliza. La tecnología es una herramienta increíble para avanzar, pero hay que utilizarla con sentido.

El Estado no es eficiente, eso lo sabe cualquiera que haya cumplido los 40, pero además no es ágil, ni puede serlo. Por tanto habría que plantearse, ya, qué se puede hacer para acabar con esta situación y construir una sociedad competitiva. Una en la que el Estado sume y no sea un carísimo lastre para la sociedad. Como padres también tenemos alguna responsabilidad. Creo

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