¿Qué ocurre con nuestros datos en la red?

Que las Redes Sociales y las grandes plataformas saben mucho más de los usuarios que ellos mismos es una realidad. Los datos son algo valiosísimo, por el provecho que se puede sacar de ellos. De hecho es la base de algunos negocios Los usuarios somos convertimos en un preciado producto. Pero esos datos que saben de nosotros, ¿para qué se utilizan?

Cada vez que entramos en una web las cookies obtienen información de nuestra actividad online. Al propietario de la web le llega información sobre nuestra IP, el tiempo que estamos conectados, cómo utilizamos un sitio concreto, si somos habituales y muchos más datos jugosos e interesantes. En ocasiones empresas ajenas a la web pagan para poder instalar sus cookies para obtenerlos y es posible que esos datos acaben siendo vendidos a terceros. Es decir, que no sabemos dónde y para qué se utilizará esa información que se conoce de nosotros. Las opciones para protegerse son no aceptar las cookies, lo que conlleva no poder navegar por algunas páginas o bien borrarlas de nuestro dispositivo.

Con las Redes Sociales ocure algo parecido. Por ejemplo, Facebook tiene muchos datos proporcionados por el propio usuario, pero también los obtiene de la interacción entre las personas, lo que le permite ir afinando el perfil de cada uno. La información es analizada y clasificada por algoritmos que nos definen como consumidores, una información muy valiosa para enviarnos justo la publicidad que nos puede interesar. 

Eso desde el ordenador porque si entramos desde el smartphone y tenemos instalado el messenger, el sistema puede activar de forma remota la cámara y el micro, acceder a mensajes y fotografías y seguir elaborando un perfil mucho más ajustado. 

Tampoco somos excesivamente conscientes de lo delatador que resulta permitir a Google el acceso a nuestra ubicación en nuestros teléfonos, el uso las redes wifi o las cámaras de video vigilancia que encontramos en cualquier lugar. Incluso con algo tan inocente como utilizar una tarjeta de fidelización hece que se produzca una conexión entre nuestros datos personales y bancarios con un cierto patrón de consumo.

Algo que también ocurre con los electrodomésticos inteligentes que tenemos en el hogar, que conocen y almacenan nuestros hábitos, datos nuevamente son valiosos para cualquiera que quiera vendernos productos y servicios que ni siquiera pensamos necesitar. 

A algunas personas este comercio de datos no les resulta un problema, incluso consideran que es un beneficio, porque les permitirá tener una mejor atención, más personalizada precisamente porque está basada en esa información. Pero, ¿y si no queremos que eso ocurra? ¿cómo evitar que sin saberlo, información sensible salga a la luz? Lo único cierto es que nuestra vida queda expuesta de una manera que por el momento, no podemos controlar.

 

 

   

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