¿Quieres convertirte en un emprendedor digital?

Videos frikis aparte he utilizado el término emprendedor porque es lo que se usa hoy en día, pero lo cierto es que cualquiera que monta una empresa o que se dedica a crear, comprar y vender es un empresario. Lo ha sido toda la vida y lo seguirá siendo. En este caso un EMPRESARIO DIGITAL. Y por supuesto un empresario es un emprendedor. Alguien que emprende, que sueña, que cree y crea. Contra viento y marea, contra el ayuntamiento, hacienda o quien sea 🙂 Porque lo cierto es que iniciar una empresa hoy es realmente fácil. Que funcione es harina de otro costal, no te voy a pintar un camino de rosas.

Nunca ha sido más fácil crear una empresa en España, al menos en Madrid lo es. Además cuesta muy poco dinero. Hace 20 años no ponías una empresa en marcha, sin unos gastos iniciales de al menos 1.000 euros, hoy con menos de 300 puede estar funcionando una sociedad limitada, realizas todas las gestiones desde un mismo lugar y solo te queda esperar al nombre y firmar en el notario. Si eres autónomo puedes salir con la empresa funcionando. Así que ponerla en marcha está chupado. Ahora solo falta que funcione.

¿Qué hace falta para que una empresa digital funcione? Una buena idea que pueda implementarse haciendo uso de la tecnología, algún plan, un mejor desarrollo, una capacidad de trabajo a prueba de bombas y los recursos necesarios.

Vamos a dar por hecho que la buena idea está ahí, se te ha ocurrido una web genial, una APP que revolucionará el mundo de los juegos, algo que representará un revulsivo en tu sector. Bien. Puede que la idea sea buena, pero tal vez no sea el momento o la forma de hacerla o no convenza el modelo de negocio. ¿Cómo sabes que la idea es buena? Es lo primero que vas a tener que averiguar, así que empieza a preguntar a todo hijo de vecino. ¿Van a pagar por ello? Tienes que preguntarlo también, si necesitan lo que vendes, ¿cuánto están dispuestos a pagar? Si no has hecho estos dos ejercicios, ni se te ocurra poner tu idea genial en marcha. La mayor parte de las empresas que se lanzan al mercado ofrecen un producto que no tiene demanda o que no encaja.

Ahora a planificar. No digo que un business plan sea imprescindible, pero algo más que unos números en una servilleta, ayuda, un montón. Así que empieza a calcular que necesitas para poner en marcha el proyecto, para promocionarlo y para aguantar hasta que lleguen los ingresos. Si no eres capaz de unir esas piezas básicas, busca a alguien que sepa hacerlo y que te pueda guiar, porque tienes todas las papeletas para ser una de ese 40% de empresas que no superan el primer año de vida.

¿Tienes los recursos necesarios para poner en marcha el proyecto? ¿Para alcanzar el primer hito significativo? Fantástico. ¿No hay suficiente dinero? Encuentra financiación. ¿No la hay? Replantéate el proyecto. Intenta hacer más con menos. ¿Tampoco salen los números? Mucho cuidado, las posibilidades de fallar son muy altas. Prioriza la búsqueda de financiación, consigue un socio. Si eres bueno hay uno para ti ahí fuera, seguro.

El desarrollo del proyecto no es que sea fundamental: es crítico. Solo los proyectos que son capaces de controlar todas las etapas del desarrollo salen adelante. Es mucho más importante que la idea inicial, porque es posible que lo que hagas a los seis meses no se parezca en casi nada a lo que planeaste, pero si tienes controlada tu empresa estás en el camino para conseguirlo. Si te equivocas… el 60% de las empresas no pasan del segundo año. ¿Quieres ser de esas?

En un mundo digital vas a tener que prestar mucha atención a cada detalle. Menos es más, casi siempre. A todos los efectos siempre, para no liarte. Invierte tu dinero en desarrollar una imagen creíble, una comunicación que te haga un socio o proveedor atractivo para tus clientes y en automatizar tanto como los recursos te lo permitan. Tus clientes pueden aceptar que seas pequeño, que acabes de llegar, pero no aceptarán que no sepas venderte. Encuentra el tono adecuado para tu audiencia y te lo recuerdo otra vez: menos es más. Mejor poco y bien hecho, que mucho y mal. Si no tienes ni idea eligiendo la ropa, decorando la casa o seleccionando los muebles de la oficina, con el resto no lo vas a hacer mejor, probablemente. Busca ayuda.

¿Te apasiona tu proyecto, te gusta trabajar, no hay horas suficientes en el día para dedicarle? Enhorabuena. Es lo que hace falta para empezar. Y posiblemente durante una larga temporada, así que deja a un lado cualquier otra responsabilidad y ponte al 100%. ¿No puedes? Pues considera seriamente donde te vas a meter, porque a tu competencia probablemente le sobra el tiempo, las ganas y la dedicación.

Si tienes todo lo anterior o si crees que puedes conseguirlo, adelante con tu proyecto. Si piensas que no es así, plantéate seriamente tus compromisos, sobre todo contigo mismo. No pasa nada por dejarlo para un momento más apropiado o reconocer que esto de emprender no se ha hecho para todo el mundo.

Y si lo tienes claro, estás seguro de que tu proyecto tiene sentido, lánzate aunque no se den las mejores condiciones. Estás asumiendo un gran riesgo, pero de las grandes apuestas surgen los mayores premios.

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