¿Por qué los modelos convencionales de negocio tienen miedo del cambio digital?

Realmente cuesta más que explicarlo, entenderlo. Los negocios son algo vivo, que tiene que ir adaptándose continuamente a los cambios en el mercado, a los productos, los consumidores y ahora, además a la tecnología. O así debería ser, porque en contra de lo que pudiera parecer, es una asignatura pendiente. Se nota una cierta resistencia a la transformación que supone la digitalización y que permitiría como poco, automatizar procesos, reducir costes y aumentar la eficiencia. Cambios que pueden suponer un antes y un después, que resultan costosos por las decisiones que hay que tomar, pero que no son tan diferentes a las que siempre han tomado los empresarios. Las que han supuesto la supervivencia, la evolución y mejora de sus negocios, o la desaparición en otros casos.

Tal vez la transformación digital sea más costosa "mentalmente hablando", porque es otra dimensión. Puede ser. Hay que cambiar el chip, al menos contemplar otras opciones: introducir tecnología, redes sociales, páginas web, tal vez una tienda online y todo lo que conlleva, y estar siempre disponible para los usuarios, no solo en horario de oficina. Teniendo en cuenta además, que los clientes si están digitalizados y que su manera de buscar y comprar productos y servicios ha cambiado. Ya no se dan una vuelta por el barrio a ver que encuentran. Su barrio es Internet.

Y a pesar de saber todo esto, que la tendencia es ir a más, algunos aún insisten en permanecer al margen de un fenómeno que ni es friki ni una moda pasajera. El mundo digital es una realidad y crece y evoluciona exponencialmente. Y eso significa ni más ni menos que a los que permanecen ajenos, a los rezagados, cada vez le resultará más difícil incorporarse. Que si hoy están a dos pasos mañana a más del doble. Y no hay que olvidar que es uno mismo el que debe adaptarse a los tiempos, no al revés. No ahora, desde siempre ha sido así. 

¿Qué ocurre entonces? Tal vez es el problema es que llegados a este punto el empresario no sabe cómo iniciar esa transición. O que igual cree que el propio mercado lo regulará todo. Es posible incluso que permanecer al margen lo convierta en una rara avis que le de fama y popularidad precisamente por eso. 

La cuestión es que es fácil encontrar todavía negocios que ni siquiera tienen una página web, activa. Los datos hablan de que un 75% las tienen, aunque no siempre tenerlas significa que se les de algún uso. Y muchos de esos negocios tienen productos y servicios que cubrirían un nicho inexplorado, puede que poco rentables o deseables para grandes compañías, pero muy importantes para comercios pequeños. Pero no aprovechan la oportunidad.

Según datos del estudio de Siemens "España 4.0, el reto de la transformación digital de la economía", sólo un 38% de las empresas españolas cuenta con un plan de estrategia digital. Entre ellas, solo un 10% en el sector industria y un 15% en el de infraestructuras tienen una estrategia digital establecida. La presencia en Redes Sociales se limita al 21% y tan solo un 16% de ellas vende de forma online. Y es curioso, porque cuando uno abre un negocio su mayor necesidad y lo que le produce ganancias, es vender. Y existiendo la posibilidad de tener el negocio abierto de forma continua y hacer caja a cualquier hora, no se entiende muy bien que no se haga.

¿Qué será de estas empresas que ahora mismo subsisten pero que quedarán fuera del ecosistema digital?. Por no hablar de la cantidad de dinero y clientela que están perdiendo. Ahora aún es sostenible, pero en el momento en que sus clientes habituales no estén, vendrán las dificultades. El tema es salir del barrio físico y entrar en ese que se encuentra en la Red y abarca todo el mundo. Porque las consecuencias, como todos los que no se adaptan a los cambios, a un nuevo ecosistema, es inevitablemente desaparecer.

 

Los vencedores de la competición digital

No podemos asegurar con exactitud qué nos deparará el futuro, pero si que se están produciendo los suficientes cambios cómo para tener una idea de por donde irán los tiros. Sobre todo en el área tecnológica y por ende, al mundo digital que ya abarca la totalidad del mundo.

Factores como la inteligencia artificial (AI), la automatización, la aparición de nuevas tecnologías transformarán aún más el mundo que conocemos. Será posible acceder a un consumo en el que los productos físicos y digitales estarán adaptados a las preferencias y necesidades de cada usuario, todo a la carta.

La distribución y entrega de los productos también cambiará sustancialmente. Los digitales los recibiremos de forma instantánea, segundos después de comprarlos. Los tradicionales, los tendremos en nuestras manos en espacios cada vez más breves de tiempo. Si vivimos en una gran ciudad es muy posible que en menos de una hora. Y en cualquier país desarrollado, el plazo no pasará del mismo día.

Las tareas se automatizarán y como consecuencia, se eliminarán millones de puestos de trabajo tal como los conocemos actualmente. Como contrapartida, se crearán otros nuevos, y si las cosas se desarrollan como debe ser, serán más de los que se pierden y de mejor calidad. 

Los empleos emergentes se darán principalmente en el sector tecnológico, algunos de cuello blanco, pero lo más habitual es que estén relacionados con la creación y mantenimiento de los sistema que se hayan creado a nuestro alrededor. No será una tarea complicada en aquellos países en los que ya se estén preparando para estos cambios y resultará algo más trabajososo para aquellos que todavía no hayan empezado.

Para quitarnos de encima el miedo que produce esta más que predecible redistribución del mercado del trabajo pensemos en el ejemplo que apuntaba Marc Andreessen, señalando que la llegada de los vehículos de motor parecía, a principios del siglo pasado, la debacle del transporte tradicional. Pero lo cierto es que no fue así, más bien fue al contrario, ya que se crearon muchísimos más empleos alrededor de esta industria, debido al crecimiento del volumen de personas y mercancías transportadas. Aumentó la necesidad de vehículos y con ellos la de personas que los construyeran, además de carreteras, y de todos los servicios alrededor de este negocio que se beneficiaron con esta expansión, ocio, cultura, comercio…

Los grandes actores del mercado seguirán creciendo, y la oferta de productos y servicios crecerá de una forma que ahora no podemos imaginar. A su vez, los pequeños productores podrán especializarse en productos más especializados y específicos. Y como ha pasado toda la vida, algunos serán siempre pequeños, y para otros será una ocasión para crecer.

Las sociedades con capacidad de educar a sus ciudadanos para estar siempre aprendiendo, para crear y buscarse la vida cuando hay cambios, serán las vencedoras de la competición digital.