Teletrabajo en tiempos de COVID-19

Con el confinamiento producido por la pandemia de Covid-19 han sido multitud las empresas que han pedido que sus empleados teletrabajen.

Una opción deseada o al menos sopesada por muchos de ellos alguna vez de forma total o parcial. Pensar en teletrabajo es pensar horario flexible, a la medida, que permite compatibilizar vida personal y profesional, ahorro de tiempo al no haber desplazamientos a la oficina. 

Todo parecen ventajas. Pero ese deseo que para muchos trabajadores por fin se ha cumplido, ha resultado no ser tan maravilloso. Algunos estudios aseguran que los empleados que teletrabajan están añadiendo de media, unas dos horas diarias a su jornada laboral. 

¿Mala organización o entorno inadecuado?

Precisamente una de las claves del teletrabajo es la organización. Uno mismo tiene que ponerse horarios, focalizarse en lo que hace. No hay el mismo control que el propio ambiente del despacho propicia. La tentación de levantarse a hacerse un café, de que a la vuelta a la mesa de trabajo se haga una parada para recoger la colada o liarse con cualquier cosa, está ahí. Y también lo contrario. No ser capaz de poner un límite y no despegarse en todo el día del trabajo, haciendo más horas que en la oficina.

La situación de teletrabajo sobrevenido por la alerta sanitaria tiene un añadido. No es un teletrabajo en condiciones "normales". Se ha hecho a marchas forzadas, debido al confinamiento. Además, hay que compatibilizarlo con otras tareas en la casa y con otras personas, los hijos y tal vez la propia pareja, que no suelen estar habitualmente. Desaparece la concentración necesaria para que el entorno laboral sea productivo.

A muchos les cuesta rendir en esas condiciones. Parece que se emplea para trabajar el tiempo que sobra de otras labores. Está resultando cansado. Sí o sí todas las tareas se han de hacer de forma online. Ha aumentado el número de reuniones telemáticas. En otras circunstancias se habrían celebrado en la oficina, una escapada que también supone una recarga de pilas, un encuentro con los compañeros y despejarse con un cambio de ambiente. Opciones que en este periodo no han sido factibles.

Todo esto está produciendo la paradoja de que los empleados quiera volver a trabajar de forma presencial en sus empresas, que estén sufriendo estrés, ansiedad y que al menos que cambien las circunstancias, renuncien a trabajar desde casa. Aunque por lo que parece, de momento, se va a quedar entre nosotros una temporada.