Competición digital: Europa vs EEUU

Hoy reflexionaba sobre lo digital en un comentario en El Blog Salmón. Llevo mucho tiempo dándole vueltas a estos temas, algunas décadas de hecho, saber porqué funcionan aquí en España o en Europa las cosas que lo hacen y en otros sitios, como en Estados Unidos otras diferentes, y en este asunto, creo, es un tema de mentalidad.

No creo que en Europa veamos los negocios, ni el trabajo, por tanto tampoco el emprendimiento, ni la inversión, como se hace en EEUU. Eso ya sería determinante, porque aquí se crearían negocios locales, pequeños, con excesivos vínculos con la administración u otras industrias existentes, nos colocamos a la sombra de algún árbol para que nos cobije la confortable sombra de lo conocido, de lo manejable. A más dinero, mayores son la sombra y los vínculos. 

Allá, en los EEUU, dos pirados, jovencísimos -lógicamente inconscientes, ¿por qué no va a poder hacerse?-, dicen me pongo con esto porque me apetece. Ni siquiera tienen que ver un negocio tras ello, mucho menos global, es que a veces ni local, no lo había tras Facebook o Google. El primero lo crearon poco menos que para vacilar con las churris o con los churros, sí luego le han dado el toque épico, pero no había mucho más. En el caso de Google, si en Yahoo hubieran sido más listos, lo hubieran comprado por un par de millones cuando ya estaba en marcha. Es una exageración, pero no va muy descaminada. Ellos a lo suyo: ponen la pelota a rodar, en un momento dado se dan cuenta de que el pasatiempo, su idea, tiene posibilidades. Cuando son conscientes de las implicaciones, se lo cuentan a un par de tipos y en cuestión de días o como mucho semanas, consiguen dinero suficiente para testar ese modelo y dar el siguiente paso, a otra escala algo mayor. Será después, cuando han comprobado que tiene sentido ese prototipo, que van a por la dominación nacional o mundial de una industria. Al principio no tienen objetivos tan ambiciosos, normalmente se adaptan a las reglas del juego que ellos mismos van creando y, cuando llegan al punto adecuado, consiguen que gente con cientos o miles de millones de dólares les apoyen. Creo que solamente por esa razón Europa ya no tendría ninguna posibilidad en el juego. Porque todos deberíamos cambiar el chip, y sabiendo como se mueven las sociedades y quienes las dirigen, eso no parece probable que suceda.

Aunque hay otro elemento, bajo mi punto de vista determinante: la asimilación de lo digital. Decía el articulista: "A raíz de este cambio de enfoque, lo que se inició como un cuasi-experimento universitario de mera interconexión, de cuya importancia estratégica sólo eran conscientes unas pocas mentes visionarias en el planeta, pasó a popularizarse". DARPA la que financió esa red en buena medida, siempre ha estado detrás de todo esto. Tal vez no haya un plan demasiado concreto al principio, tienen dinero suficiente para probar con alguna chaladura, pero nuevamente se trata de investigación, de explorar posibilidades, aunque claro que son conscientes de la importancia estratégica de una red descentralizada, que no deje a los centros de mando desconectados en caso de un ataque enemigo o del GPS o de tantas otras cosas. No tengo ninguna duda de que saben lo que hacen, lo comprenden perfectamente desde hace medio siglo. Y se ven acompañados por una una sociedad que se sube al carro de lo digital, lo abrazan como posesos en los años 70 y 80. Solo hay que ver la trayectoria de Apple o Microsoft. Pero es que si leías un Computer Shopper, revista de ordenadores, un tocho tipo páginas amarillas ¡pero mensual! con decenas de páginas de anuncios minúsculos, ahí ya se estaba escribiendo todo lo que está sucediendo hoy, de alguna forma. Y por si eso no era suficiente, señores como Kurzweil o Negroponte nos explicaron de que iba a ir todo eso de lo digital, desde hace más de 20 años.

Esa falta de comprensión de lo digital de una parte importante de la sociedad es lo que ha llevado a que, a principios de este año en Davos, den un toque de atención a los mandases de los negocios, la industria y los políticos y les digan: Eh! que todo esto va a cambiar en los próximos 3 o 4 años. Y los de los bancos acongojados, porque no saben por donde les va a llegar la próxima.

Todo está cambiando desde hace tiempo y el desencadenante último fue un cacharrito por el que muchos no daban dos duros: el iPhone. Llevar un ordenador e Internet en el bolsillo nos ha traído hasta aquí. Miles de millones de personas que hubieran tardado, probablemente, varios lustros en hacerse con un ordenador, incluso décadas, de repente contaban con uno gracias a la popularización de la telefonía móvil por empresas como Samsung y todos los fabricantes chinos, que popularizaron el concepto de Apple. Y son estos usuarios los que están reinventando todo, por la forma en que lo utilizan cada día. Algunos simplemente están pendientes: anda mira lo que hacen estos dos, una oportunidad, vamos a aprovecharla y crear algo que resuelva esa necesidad. Y puede ser Pinterest, Snapchat o Pokemon Go.

No entendemos lo digital, no somos conscientes de las gigantescas implicaciones que tiene. Por mucho que algunos organismos como Hacienda estén informatizados hace lustros, ves los procedimientos de la administración y parece que los ha diseñado un ingeniero soviético hasta arriba de vodka y grifa. Los bancos llevan también un par de decenios en esto y tienen que venir cuatro chalaos para ponerles el tinglado patas arriba, porque no son capaces de evolucionar. A La Caixa, uno de los adelantados del sector, le cuesta moverse lo que no está escrito: soluciones de pago que ofrece cualquier empresa americana desde hace más de 10 años, y que esta entidad no puede, no quiere o no considera importante ofrecer. Y el camino se lo mostró Apple: crea una plataforma para que la gente piense nuevas formas y dales libertad para que las haga, que se invente como quiere cobrar, pagar o intercambiar dinero. Sé la autopista, no el guardia.

Y si esto es así para el común de los mortales, ahora vete y le dices a Doña Julia, la tendera de la esquina, o a Don Manuel, con su empresa de mecanizados que tanto le ha costado sacar adelante, que el futuro se nos ha echado encima, que tienen que invertir en cosas que no entienden. Que son incapaces de unir los puntos, que deben apostar por unas redes sociales donde es casi imposible que haya un retorno directo de cualquier inversión, pero que si ellos no están, son otros los que van a dirigir la conversación sobre su empresa, lo que se dice de ella. Que si no inventan la forma de encajar todas esas piezas, de pasar de su negocio pequeño o local a algo más, no podrán continuar en la competición. Pueden mantener su especialización y su carácter, pero deben dar el paso hacia algo más eficiente, más amplio. Y eso a menudo deben lograrlo apostando por un experto de todo a cien y luego por otro que les dice que lo del community management es lo más de lo más, ayer, y que mañana será otra cosa. Confuso, demasiado, para personas que bastante tienen con mantener su negocio.

Luego ves a los equipos y te das cuenta de que es muy difícil progresar, van con la lengua fuera. La gente no cobra lo suficiente, porque los clientes no pagan lo que toca, porque no ingresan lo necesario. La pescadilla infernal que se muerde la cola. Y en esos equipos ves que personas con muy buenos mimbres se queman, porque sus trabajos no dan más de sí. En realidad sí, demasiado, son ellos los que no pueden mantener el ritmo. Y saltan de master en master a la búsqueda de un santo grial que no existe. El que consiga meter la cabeza en una empresa de posibles, se quedará ahí para los restos, sean estos los que sean. Y ellos son los profesionales, los que deberían estar al día constantemente, porque dependemos de ellos para diseñar el presente y el futuro, pero… Esto es España, cobro poco, estoy desmotivado, he tenido que dejarme las pestañas en tres trabajos diferentes desde que me licencié, estoy supermayor, he cumplido 35, y creo que es el momento de hacer algo diferente con mi vida, algo que sea menos demandante y menos estresante. Los que podrían intentar unir los puntos se bajan del tren, porque aunque dominan la tecnología, no entienden los negocios, ni la realidad de una sociedad que es mucho más compleja de lo que parece.

Solo una observación más para comprender porque la competencia de Europa y Estados Unidos es poco probable. Cualquier cosa que se crea en EEUU tiene un mercado de 300 millones de personas, con un poder adquisitivo notable, consumistas hasta decir basta, que hablan un solo idioma básicamente, y con un nivel de regulación a años luz del de aquí, salvo algunos de sus estados a la "europea". Solo esto haría muy difícil la competencia. Si además le sumamos las ventajas de su ecosistema empresarial y emprendedor, ya solo en este punto tendría que haber un cambio muy profundo en la sociedad e instituciones europeas, que en estas condiciones no puede darse. Y el caso es que tenemos casi todo lo necesario para que suceda.

Lo del idioma no tiene arreglo, somos viejos, llevamos siglos hablando nuestras lenguas, y lo de España es caso aparte. Pero no veo como Europa va a autodesregularse, sería como ir en contra del ADN de esas instituciones que hemos creado. Haría falta homogeneizar normas, eliminar unas cuantas, facilitar el comercio entre nosotros -por ejemplo lo del IVA del comercio electrónico intracomunitario es para quitarle la idea a cualquiera que tenga intención de poner una tienda online exportadora- y que alguien liderase el cambio desde Europa, en contra de todos esos políticos locales que no ven más allá de la próxima cita electoral.

Ultimamente me ha dado por pensar que es algo que puede hacer un país por si solo. ¿Por qué no España? Solo hace falta un partido que convenza a la ciudadania que es posible estar entre los ganadores. Aunque va a tocar currar mucho: sangre, sudor y lágrimas. Más, lo sé.