Krugman se equivocaba

Krugman no estuvo acertado cuando afirmó: «El crecimiento de Internet se reducirá drásticamente, ya que la falla en la 'ley de Metcalfe' es evidente, la mayoría de las personas no tienen nada que decirse. La ley establece que el número de conexiones potenciales en una red es proporcional al cuadrado del número de participantes. Para 2005, más o menos, quedará claro que el impacto de Internet en la economía no ha sido mayor que el de la máquina de fax».Y tampoco parece que lo esté en otros temas. 

Esta es la predicción completa y razonada que hizo en 1998. No está mal para el gurú económico del progresismo. Si esta afirmación la hubiera hecho en 1991, inicio de Internet, o incluso en el 95 tendría un pase, pero no, la hizo al final de la década, cuando era imposible ignorar la magnitud de lo que estaba ocurriendo y de lo que se venía encima. Incluso sin precisar, era obvio que era algo con pinta de ser tocho, tocho, técnicamente hablando, tanto en lo social, como en lo económico.

Además Krugman no confunde un par de variables concretas, fruto de datos o cálculos equivocados. No, se saca de la manga dos apreciaciones generalistas que no tenían ningún sentido dada la evidencia. Era obvio que Internet iba a barrer la sociedad, aunque no se supiera cómo, y que por el camino tendría un impacto económico brutal, como no podía ser de otra forma. No sabíamos cómo serían los móviles inteligentes y tampoco el ecosistema que se crearía a su alrededor, pero sabíamos que los dispositivos serían más pequeños, potentes y que los llevaríamos encima todo el tiempo.

Nadie anticipó el fenómeno de Facebook, pero era obvio que la gente estaba interactuando y que la cosa no iba a ir a menos. Las proyecciones se quedaron algo cortas, pero ya se anunciaban más de 1.000 millones de usuarios en la primera década. A Krugman no le darán un premio por sus vaticinios. A mí puede que tampoco, pero no tengo duda de que lo que viene es mejor. La fiesta aún estará más animada, así que agárrate.

Aunque algunos de los gigantes parecen flaquear, el negocio de Facebook o Apple está mostrando signos de agotamiento, otros como Amazon o Google parecen imparables. Creo que los primeros nos sorprenderán, disponen de cantidades inmensas de dinero. Alguno de ellos invierte más en I+D más de lo que hace España en conjunto, además del recorrido que tienen la robótica o la AI.

Viviremos un notable avance en la forma de interactuar con las máquinas, gracias a la potencia de proceso, a la enorme cantidad de información que proporcionarán los omnipresentes dispositivos de la IoT, gestionados por una Inteligencia Artificial que evolucionará indefinidamente. Esto ya está ocurriendo, pero habrá transformado la sociedad antes de 2025. En el siguiente lustro, hasta 2030, los robots empezarán a proliferar en nuestro entorno. Desde ahora mismo hasta finales de esa decada, sobre todo a finales, solo algún cambio social impredecible impediría la espiral de crecimiento a la que estamos abocados en todos los ámbitos.

En ese proceso desaparecerán millones de empleos, que no se recuperarán. También en España, ya que los puestos de trabajo de esa nueva economía no se crearán aquí. Lo harán en aquellos países que llevan lustros preparándose, en las sociedades pujantes y competitivas. Los que diseñen y programen ese ecosistema estarán en cualquier rincón del mundo, los robots se fabricarán en Oriente y algún país occidental, tal vez USA, ¿Y en España? Seguiremos por la senda del declive europeo, de camareros y cuidadoras. Mientras el cambio climático lo permita.

¿Podemos hacer algo para cambiarlo? Por supuesto, con un profundo cambio educativo y social, algo que no tiene pinta de ocurrir. Así que solo nos queda el comodín de la empresa. No fabricaremos robots a millones, pero podemos fomentar las condiciones para que evolucionar hacia negocios centrados en el conocimiento, no sé cómo se hace, o aquellos relacionados con la atención personal. La enseñanza del español y la creación de contenidos podrían ser dos industrias que ocupasen a un par de millones de personas. Son muchos, sí, pero el potencial existe. Como decía aquel, no hay nada imposible. La responsabilidad es de todos, tuya también.

La excelencia cuesta dinero y el Estado no tiene el suficiente para financiarla

Hace unas semanas hice un meme, o algo parecido, planteando de qué forma pueden competir dos sistemas educativos. Uno que invierte 1.000 millones de dólares para crear una facultad de Inteligencia Artificial en el MIT -una facultad para una sola institución, privada-, y otro que invierte 6 millones de euros en proyectos de innovación de la Formación Profesional en España -todas las especialidads y todos los centros-. Como tanto les gusta indicar a los progresistas: sin dinero no se puede avanzar. Pues parece que de algo habría que tomar nota ¿no creen?

Aunque mi siguiente reflexión no será del gusto del socialista al uso: ¿cómo es posible que el MIT pueda invertir en una facultad 1.000 millones de dólares? ¡pero si es una universidad que solo tiene 11.000 alumnos! En España cursan FP 760.000 alumnos. Toda la enseñanza secundaria en España se financia con 15.000 millones de euros, toda la FP y el resto. La conclusión es bastante simple: la excelencia cuesta dinero y el Estado no tiene el suficiente para financiarla.

En un contexto en el que los estudiantes y trabajadores ya son los paganos de políticas absurdas, ¿solo  pueden aspirar a ver como la brecha educativa crece de forma insalvable respeto a otros países? Ni parece justo, ni es razonable, que sean desplazados del mercado laboral o condenados a trabajos poco cualificados y mal pagados, por la incompetencia de políticos que solo viven para las apariencias y de cocinar estadísticas que salgan lo mejor posible.

En otra noticia destacaban como los grandes CEOs, y los ricos en general, llevan a sus hijos a colegios donde se limita el uso de la tecnología. Hasta en su vida familiar se controla cuánto tiempo y de qué forma se utiliza. La tecnología es una herramienta increíble para avanzar, pero hay que utilizarla con sentido.

El Estado no es eficiente, eso lo sabe cualquiera que haya cumplido los 40, pero además no es ágil, ni puede serlo. Por tanto habría que plantearse, ya, qué se puede hacer para acabar con esta situación y construir una sociedad competitiva. Una en la que el Estado sume y no sea un carísimo lastre para la sociedad. Como padres también tenemos alguna responsabilidad. Creo

Acuerdo sobre el calentamiento global en Paris

Ha llegado el acuerdo de Paris contra el cambio climático. Y pese a lo que digan los ambientalistas el hecho de que se haya producido un acuerdo me parece una magnífica noticia. ¿Sabe a poco? Y qué no sabe a poco en la actualidad. Pero es absurdo pretender mucho más con intereses tan diversos. Así que me voy a felicitar por lo que me toca, como ser humano que vive en este planeta, que tiene una familia de la que preocuparse y congéneres a los que echar una mano.

El acuerdo se convierte en un protocolo, tiene menos fuerza legal, pero es la única forma de que se incorporasen más países. Se obliga a contabilizar las emisiones de cada país. Se apuesta por mantener el incremento del calentamiento global debajo de los 2ºC, sobre la temperatura de referencia de mediados del siglo XIX. Se centra en las emisiones netas, se puede contaminar siempre y cuando se neutralice. Los países emergentes, las nuevas potencias, no se rascan el bolsillo. La fiesta que costará unos 90.000 millones al año la pagan los países de siempre.

Así que puedo entender que parezca poca cosa, pero creo que es un acuerdo fundamental para nuestro futuro. Hablar de felicidad, como hacemos en Happymente.com, o del mundo digital, como hacemos en ElNegocioDigital.com, no tiene ningún sentido sin un lugar donde vivir, desarrollarnos, crecer y aspirar a llegar más lejos y en mejores condiciones. Somos tan poquita cosa, pero tan capaces de hacer tanto daño, que este acuerdo es una gran noticia, porque con él llega la esperanza. Felicitémonos todos por haberlo logrado. Enhorabuena.

Imagen: Mark Rain