En Internet no es oro todo lo que reluce. ¿Qué hay detrás de los comentarios valorativos de usuarios anónimos?

Negocios fraudulentos, timos, engaños. Todo esto ha existido antes de estar conectados globalmente a través de Internet con la ayuda de las nuevas tecnologías.

La globalización de las nuevas tecnologías ha ayudado a la labor del mundo de los negocios abriendo todo tipo de posibilidades y nuevos mercados, pero con ello, también se globaliza “lo malo”. Me explico. Las facilidades, las oportunidades y el acceso que proporciona Internet es una mina de oro para aquellos que intentan aprovecharse de los demás y para aquellos que bordean los límites, no sólo de le ética, sino que incluso de la legalidad.

Esto nos lleva a la actual realidad de los negocios digitales y del comercio electrónico (e-commerce). Pero voy a ir algo más allá de los archiconocidos fraudes por Internet, voy a centrarme concretamente en algo tan “simple” como el engaño. Un engaño al usuario que es utilizado como beneficio propio para hacer de su producto o servicio algo más atractivo. Es cierto que la publicidad y el marketing, tal y como los conocemos hoy día, pueden dar la sensación de que nos están engañando fomentando, como he comentado, un servicio más atractivo de lo que realmente es. Sin embargo intentan informar y dar a conocer un mensaje estudiado y analizado previamente, nada comparado con las prácticas ilícitas online que se están llevando actualmente donde la mentira y la manipulación para engañar al usuario (hasta al más avispado) están a la orden del día. Me refiero a los comentarios de los usuarios anónimos que hablan de sus experiencias y su opinión acerca de un producto o un servicio ya sea, a través de un portal especializado (como por ejemplo portales de hoteles, de viajes, de restaurantes, etc.), o a través de la propia web del negocio.

¿Qué hay detrás de todos esos comentarios que se esconden tras un usuario y, por lo tanto, tras el anonimato? ¿Qué veracidad hay en ello?

Hace unos días me llegó una información de primera mano a través de un conocido en la cual el propietario de un servicio turístico de una importante isla mediterránea española buscaba “redactores” para transcribir las características de su negocio y darle difusión en Internet. Hasta aquí todo bien, mi colega de profesión aceptó el trabajo con el pensamiento de que se trataba de un encargo de redacción para la página web del servicio y/o para sus redes sociales, pero se equivocaba. El propietario quería que cada día durante un mes se creara un usuario nuevo en tres de los portales de viajes más importantes de España (no doy nombres, pero podréis adivinarlos fácilmente sin pensar demasiado) donde tendría que escribir una reseña positiva de su negocio a través de unas pautas determinadas.

Obviamente, cuando mi conocido supo en qué consistía el trabajo, usó su razonamiento y su profesionalidad y tuvo que rechazar el trabajo pese la jugosa suma de dinero ofrecida. Pero si él no lo aceptó, seguramente haya alguien, no con menos moral, si no obligado seguramente por sus problemas económicos, un tema sobre el cual actualmente muchos empresarios se están aprovechando. Pero en fin, esto daría para otro artículo.

A lo que quiero llegar con éste es que si con algo tan simple como son los comentarios de los usuarios de una web de viajes nos pueden manipular tan fácilmente y sin darnos cuenta en Internet, no me quiero ni imaginar la magnitud de engaños que puede haber por culpa del medio de comunicación más grande de la historia.

La manipulación e Internet: se la cuelan a El País

Internet es el lugar donde se gestan más historias fantásticas, conspiraciones y manipulaciones varias. Es muy fácil crear información falsa. Alterar los resultados o simplemente poner el acento en aquello sobre lo que interesa desinformar. Si ese fuera el caso el titular de esta publicación podría ser un magnífico ejemplo de manipulación, como mínimo de sensacionalismo. Veamos si es así.

Hoy me encuentro con un artículo en El País titulado "Los madrileños se espantan mientras los catalanes aplauden en WhatsApp". Le doy un vistazo por encima y me llama la atención como un medio importante se deja colar una de este calibre. No hay que saber nada de estadística para darse cuenta de que estos resultados son practicamente imposibles.

El emoticono más utilizado con diferencia, en los países occidentales, seguro que es el de la cara sonriente. Sin ver ningún dato de ninguna clase, es de puro sentido común. Por tanto lo lógico sería que en una buena parte de la comunidades autónomas españolas, sino en todas, se repitieran los emojis más utilizados. A no ser que alguna culturalmente estuviera más cerca de los kazajos que de los portugueses, que todo puede ser oiga.

Así que me pongo a buscar algo de información sobre el tema y me encuentro con un estudio de SwiftKey sobre los emojis más utilizados, creadores de aplicaciones de teclados para móviles, que han analizado 1.000 millones de emojis en todo el mundo con los siguientes resultados:

  • 44,8% caras felices
  • 14,3% caras tristes
  • 12,5% corazones
  • 5,3% gestos con manos
  • etc…

Así las caras felices son con diferencia los emoticones más usados, superando el 40% en inglés, portugués, español, alemán e italiano. Solo en francés los corazones ganan a las caritas felices.

Así el emoji más utilizado en Cataluña según el artículo de El País, se correspondería a uno del grupo que representa solamente el 5,3% entre los más utilizados en todo el mundo. ¿Hay alguna posibilidad de que esto sea cierto? Diría que no directamente, pero como no he visto el estudio original, vamos a dejarlo en que la probabilidad es bajísima. Así que parece que a El País le han colado una bonita historia.

Es muy fácil crear historias o conspiraciones por Internet. Y también darse cuenta cuando algo no tiene demasiado sentido. Si algo parece no tenerlo, raramente lo tendrá.